“COCO ES EL COCO DE LOS MEXICANOS”.

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Dr. Genaro Rico Martínez.


Ayer descansaba plácidamente en mi casa cuando llamé a una vieja amiga de los años estudiantiles que me sugirió con un marcado entusiasmo, que fuera a ver la película de nombre “Coco”, que era de caricaturas pero con un tema muy significativo de nuestra cultura: el día de muertos. En lo personal es un tema para mi muy importante porque lo viví desde la infancia en mi comunidad, Cerro Azul, localizada al norte de Veracruz, que es una segunda navidad y cada año la esperábamos con entusiasmo.
Recuerdo que las escuelas en distintos niveles estaban comprometidas con esta página del gran libro cultural de México, a fomentar y difundir su simbolismo y profundizar generacionalmente el conocimiento con el objetivo de perpetuarlo en el tiempo. Se hacían concursos de altares y las mejores representaciones eran estimuladas para continuar siempre.
Días previos al evento venían los preparativos iniciando con el altar, se adornaba con papel de china picado con formas alusivas al día, se iniciaba la confección del diseño del altar, se cortaba otate tierno flexible para hacer el arco, el cual se fijaba a la mesa con alambre y clavos, era una arco anterior y otro posterior y se puenteaban entre sí. Se adornaba con papel de china e iban colocando sobre el mismo mandarinas, naranjas, pan de muerto, caña, hojas verdes de palmilla; seguido sobre la mesa se colocaba juguetes, cerveza, tequila, caña, ron, chocolate, pan, tamales, dulces y se quemaba en un brasero copal que aromatizaba el ambiente; todo aquello que en vida gustaba al difunto. Después venia la colocación de las fotografías, en orden de abuelos, padres, hijos, amigos, familiares políticos, etc.
Por la mañana temprano, a las 5 o 6 se iniciaba un concierto de cohetes lanzados al cielo para llamar a los espíritus e invitarlos a degustar la ofrenda colocada en el altar, y para guiarlos, se hacía un camino de flor cempasúchil, desde el altar hasta la entrada de la casa. Los perros espantados ladraban y aullaban refugiándose bajo las camas, era innegable el gusto por tronar cohetes, palomitas, buscapiés y hacernos bromas espantándonos durante la noche al caminar por una calle solitaria, de repente nos aventaban una palomita que estallaba por sorpresa. Recuerdo que esta broma me la hizo mi vecino fanático de quemar cohetes, posteriormente espere la oportunidad para cobrármela y se dio el momento, estaba sentado en el baño y la ventana daba a otro patio, el leía el periódico plácidamente, nosotros gozábamos riéndonos antes de hacerle la broma; encendí la mecha de la tremenda palomita y ¡buuuum!, gritó impresionado por la sorpresa, terminando más rápido lo que tenía que hacer, nos maldecía y después reía jurando cobrársela, Don José Oropeza, inolvidable vecino de mi infancia.
Primero se festejaba el día de los niños, después el de los adultos. Se intercambiaban los tamales, atole, dulce de camote y calabaza etc., tus conocidos te invitaban a levantar la ofrenda después de pasar la fiesta; era un evento colorido en todos sentidos.
En los cementerios llegaban grupos familiares a depositar flores, alimentos, encender velas y veladoras, pintar las tumbas, venían los rezos y para muchos era importante llevar música a los difuntos: huapangos, norteños, jaraneros, tríos y un grupo folklórico regional denominado “Los Indios Chules” o “Malinches”, que bailaban al compás de un violín, jarana y guitarra; 3 bailaban, uno vestido de mujer, otro de la muerte y otro del diablo que representaban los actores.
Después venían las anécdotas y comentarios respecto a los difuntos que nos transportaban a la época y al momento vivido con ellos. Recuerdo que por aquellos tiempos algunos de tersa y blanca piel o que se sentían así, criticaban la fiesta y decían despectivamente que era fiesta de indios. Yo no entendía la profundidad de las palabras ni los complejos étnicos que se manifestaban ya de antaño y que esta mala semilla se iba sembrando desde la niñez.
Con el paso de los años y bajo ese complejo la fiesta vino a menos o así la vi desde mi óptica, empezó a surgir el Halloween como moda del norte que venía de los güeros y nos invadió, pronto veíamos niños disfrazados con una máscara y una calabaza de plástico pidiendo dinero y dulces en la calle o de casa en casa, el cine hizo su parte utilizando el tema noble, espiritual y afectuoso en una fiesta de terror, esta época de transculturación nos pegó fuerte y llegó hasta muchos rincones de la patria. Aquí no había menosprecio ni vergüenza por festejar de esta manera a los difuntos mediante una insulsa y terrorífica fiesta que todos los acomplejados y desleales mexicanos se adhirieron a ella por ser la fiesta gringa, la nuestra era de indios, y los que tenían que defenderla como baluarte cultural se doblegaron y nos dejamos avasallar una vez más.
Nadie entendía ni comprendía esta joya cultural con distintas manifestaciones de contextos distintos pero de bellos contenidos extendidos por todo el país, lo que parecía una causa cultural perdida renace y toma fuerza súbitamente y revive con energía inaudita gracias a quienes si saben entender y valorar la fiesta y los ritos espirituales del hombre.
Un hombre obviamente con una visión comercial, profundizó en este tema y utilizó enormes estatuas o esculturas alusivas a este día, las desfilaron por el centro de la ciudad, el centro histórico y por paseo de la reforma causando un enorme impacto visual. “Ahhhhh que bonitas escenas” y la magia del cine puso su parte, todos estaban impresionados por la belleza de nuestra ciudad y sus costumbres.
Que paradójico, muchas sociedades y países buscan y a veces inventan su cultura porque están carentes de ella y a nosotros que nos sobra, pareciera que la escondiéramos con inseguridad y desconfianza.
La fiesta de origen indígena ya no les parecía fea ni de mal gusto a sus críticos de antaño, por fin les abrían los ojos a reconocer el valor de la cultura indígena a este país de indígenas, ¡que contradictorio¡ así que mucho debemos a James Bond y su película “Espectre” para dar y afianzar este enorme paso.
Nadie sabe lo que tiene hasta que está a punto de perderlo y lo salva un ente ajeno a nuestra causa, así que evitemos volver a ponerlo en riesgo porque son valores y raíces de identidad que nos unen y fortalecen ante una amenaza cultural externa.
El segundo golpe a favor de valorar y enaltecer la fiesta de muertos fue sin duda alguna “Coco”, que confirma la belleza cultural de la fiesta al exponer la esencia de una típica familia mexicana y sus creencias en torno a la vida y la muerte dándonos un aire nuevo de identidad y solidaridad nacional.
Parte de este fenómeno que actualiza el valor y lo consolida en el corazón de México es el desfile que se verifica ya cada año días antes del día de muertos y que es una pasarela para mostrar a muchos talentos desconocidos del arte escultural que exponen alebrijes, catrinas, la imagen de la muerte en diferentes expresiones que nos hacen temblar no de miedo sino de emoción al contemplar las maravillas que pueden hacer las manos creativas del artesano mexicano.
Esto es sin lugar a duda un criterio que aplicamos en muchas áreas y disciplinas de la vida diaria en México que las expresamos sin rubor, ¡no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre¡, ¡ah indio que no fueras¡, ¡tienes pelo de indio¡, ¿cuándo has visto un indio calvo? y cuantas otras más, no hay peor crítico de un mexicano que otro, lo vimos con Juan Gabriel, el compositor que a pesar de su obra magnífica y fructífera tuvo sus fuertes críticos que le negaban el reconocimiento a la calidad musical de su obra, intentando cerrarle las puertas del palacio de bellas artes, por eso quienes sienten la posibilidad del éxito muchos huyen al extranjero a consolidarse en su profesión o en su arte.
Un hombre criticado, denostado, agredido, menospreciado, no por su actividad política buena o mala, sino porque siendo un hombre de origen modesto, humilde, con acento y pensamiento autóctono, regional y mestizo, se atrevió a intentar tocar el cielo, reservado solo a la casta divina: los herederos del poder divino nacional. En 2 claros intentos de aspirar a la Presidencia de la República, fue víctima de fraudes de estado y hoy vuelve a la carga después de mantenerse tozudamente luchando como acre crítico del sistema, creando un movimiento que en tiempo récord se posiciona como opción nacional para conquistar la banda presidencial. Admiro su valor, su tenaz actitud, su preocupación por las mejores causas sociales y económicas a pesar de todas las acusaciones personales nunca ha sido demostrada una falta que conlleve la corrupción o la demostración de poseer riqueza alguna con carácter de inexplicable.
Errores indudablemente pero no tan graves como para haber sido el blanco de agresiones críticas orquestadas por el estado en tv, radio, cine, redes sociales, libros; otras por políticos y analistas políticos. Su más grave delito para para muchos políticos y su clan divino es su origen social, ser mestizo y calificarlo como naco y como tal haber cometido el sacrilegio de aspirar a la presidencia de la República.
Un partido y su sui generis forma de gobernar ha muerto y debe abrirse para dar paso a la voluntad mayoritaria de un pueblo que se hartó de un sistema generado por sus vicios y por alejarse de los postulados de su revolución, así como de su pacto laboral y social.
Hoy es el momento de encender la mecha para detonar la igualdad, la uniformidad nacional étnica y racial así como económica y cultural. No pueden coexistir 2 Méxicos: el del norte y el del sur, uno que disfruta de un mayor beneficio económico y otro que ruega a la federación a manera de limosna el presupuesto, cuando el sur es generador de una gran fuente de recursos naturales que no se expresan en la escolaridad, ni en servicios urbanos y menos en empleos, remuneraciones ni cultura y aunque pareciera difícil reconocer existe una razón étnica en parte como causa de ello.
Así que “Coco” debe pasearse por todo el país como un instrumento que aliente los aires de cambio, que nos devuelva el orgullo nacional y el amor a nuestras raíces para poder constituir la patria que soñaron nuestros próceres de la independencia y su revolución y entender que la sangre derramada por el sacrificio de tanto mexicano ejemplar ha sido útil y suficiente para para reconstruir cada estado de la patria y consolidar sus sueños y aspiraciones; que México alcanza para todos y alcanza bien.
Basta de violencia, exigimos para el país paz, unidad, armonía, trabajo y equidad en todos los sentidos; a los necios solo les confirmamos la patria ya cambio a partir del 1 de julio así que despierten ya, México ni su pueblo darán un paso atrás en su lucha por la reconquista de su nacionalismo e instalar la nueva patria.
Cuanto bien nos haría en favor de la reconciliación nacional aceptar con orgullo la dosis de sangre indígena que corre por las venas de cada mexicano reconocernos, aceptarnos, querernos tal y como somos para acabar para siempre con ese complejo que nos disuelve, nos desintegra y nos evita avanzar en el concierto mundial ¡México es tierra de indios!, ¡somos la raza cósmica!, ¡somos la raza de bronce! Y todos tenemos derecho a soñar a vivir y a realizarlos en este gran país llamado México

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