De cómo las reformas político electorales decoloraron el Día del Presidente.

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Por: Angel de J. Leal Galicia.

Basta ver cualquiera de las imágenes que circulan, o tener unos cuantos años -aquellos que rascamos los 30, lo podríamos apenas entender- para visualizar que el Día del Informe Presidencial ha ido decayendo en espectacularidad. Recordado a edad temprana por muchos de nosotros como “de los días que no se va al escuela” es, sin lugar a dudas uno de los días  que de manera más trágica se ha ido diluyendo en pomposidad.

De manera trágica no me refiero a la docilidad en la que se contesta y aceptan los resultados –de la naturaleza que fueran- que informa el Presidente. Por el contrario, creo que en una República Representativa como la nuestra (y está plasmado en nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 40) el día en que nuestro empleado (en términos de Guillermo O´Donnell en su teoría “Del agente principal”) rinde su informe, es un día que debería paralizar a la Nación ante la expectativa, la reflexión, en análisis. Más allá de si se le aplaude o se le escupe al Presidente.

Sin embargo, ese acto de “reflexión” se ha consagrado a las cúpulas por voluntad y apatía de la ciudadanía. Y todo esto está enmarcado en las reformas electorales, antes de la LOPPE, los candidatos-diputados del partido dominante –el mío- debían su lugar absolutamente al Señor Presidente, que los había palomeado en una contienda de David contra Goliath, sólo que David no tenía “la honda” de un sistema de elección democrática formal (hasta entonces, se conformaría el RegistroNacional Electoral) por tanto, siempre ganaba el gigante. Incluso la poca oposición que llegaba a alcanzar una curul sabía que le debía ese lugar a la magnanimidad del Presidente y no a su escueta estructura electoral que no se traducía en votos suficientes para un escaño.

Las cosas han ido cambiando, el primer paso fue los diputados de representación proporcional que permitían representación apenas por alcanzar votación, por tanto, tenían cierto grado discrecional al no estar tan ligado su lugar al Presidente, el segundo paso, fue flexibilizar el proceso para conformar un Partido Político Nacional, en el cual, antes había que pasar “por la incubadora” de crear y mantener una Agrupación Política Nacional. Hasta llegar a hoy en día, cuando la pluralidad de fuerzas y el acceso a los escaños es más barato, (conformar un partido, tener representación proporcional, etc). Hemos pasado de la idolatría al Presidente, alnegocio electorero de descalificar, por descalificar al Presidente a razón de rentabilidad política.  Tristemente, nunca pasamos por la crítica objetiva y propositiva.

Así el día del Presidente paso de la pompa a ser parco, gris, “coreografiado”; triste, pero más triste aún la calidad de la oposición, soberbia, sin crítica reflexiva; con sobreoferta, por cierto.

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