MORIR SOÑANDO: REQUIEM PARA UN MÉDICO

Política No hay comentarios en MORIR SOÑANDO: REQUIEM PARA UN MÉDICO

-merck_672580846

Escribo hasta hoy con el propósito de que la semana mayor no distrajera la atención de un incidente que enlutó un hogar, a la comunidad médica del Hospital General de México y a una comunidad a la que era especialmente útil: sus desprotegidos enfermos, así como al grupo médico de residentes que se prepara para hacer frente a la grave enfermedad que afecta a miles de mexicanos; el cáncer.

Quiero resaltar, que es un acto que nos llena de indignación, coraje, tristeza y también de desilusión, porque muchos nos preguntamos ¿de que sirve prepararnos y luchar cotidianamente sacrificando placeres y cayendo incluso en limitaciones económicas y familiares con el propósito idealista de ser útil, el más diestro, el más acertado, cumplido, disciplinado?, para concluir en lo que ha finalizado una vida de disciplina y entrega a la más noble y humanística profesión.

Me quiero referir a un individuo que llegó a esta ciudad procedente de Cuautla Morelos, como muchos lo hicimos expulsados por la necesidad de buscar un mejor futuro y alcanzar un sueño, un ser que venÍa de una familia de clase media baja, que nadó en un mar de obstáculos del momento: económicos, académicos, de vivienda, alimentación, de subsistir en la gran ciudad, y después … sortear el atiborrado concurso para ingresar a la Facultad de Medicina de la UNAM; seguido de la especialidad médica con todo lo que implicó un mayor reto, en un hospital que le ayudara a adquirir los conocimientos suficientes para ejercer una especialidad tan complicada como la oncología.

Posteriormente venia la prueba de fuego: ¿realmente seré útil y sobreviviré como cirujano oncólogo?

Inconforme e insatisfecho aún, ingresó como médico adscrito a su querido y amado Hospital General de México, después de ser médico meritorio obtuvo una plaza por oposición; en la que se cultivó académica y quirúrgicamente hasta lograr ser nombrado jefe de enseñanza, y unos días antes de su muerte fue nominado como jefe del servicio de cabeza y cuello ¡que era su sueño¡ porque tenía bien cultivado el gusto por esta difícil región anatómica que tanto le apasionaba.

Esta vida novelesca y de sueños inconclusos cerró prematuramente su última página, de una forma ofensiva, triste y amarga, de la misma forma en que muchos mexicanos a lo largo y ancho del país les han cegado la luz de su existencia: de una manera irracional que empieza a hacerse costumbre sin que exista un efectivo “basta” para que recuperemos la paz, la tranquilidad y los objetivos más sublimes de la vida.

Al salir de su clínica el día 18 de marzo en ECATEPEC, 2 jovenzuelos pistola en mano le exigieron las llaves de su camioneta a lo que no se resistió, pero por razones desconocidas el que estaba a su lado le disparó en la cabeza, causándole de manera inmediata la muerte.

Dicen que no hay muerto malo, pero este fiel y gran amigo era un médico y mexicano de tiempo completo, dedicado, honesto, excelente y responsable profesional, que se preocupaba por enseñar y por retar quirúrgicamente a la enfermedad aún en condiciones adversas, fue dueño de una gran sensibilidad y sabía responder a la necesidad económica de los enfermos; porque se identificaba con ella, ejercía parcialmente de forma privada en el lugar donde le arrancaron vida y también solía hacerlo en un prestigioso hospital como en la parte puesta.

Nunca fue fatuo, prepotente, ni presuntuoso, profesionalmente era ubicado, difícilmente era sacado de su equilibrio emocional, era modesto en su persona, efectivo en su ejercicio profesional, gustaba reír y mantenerse en un ambiente relajado y de armonía, no le escuche gritar, ni aventar el instrumental , ni ser irrespetuoso con el personal, reconocía cuando se sabía superado por la adversidad; y se sentía regocijado cuando la vencía.

Creo que este eran el inicio de sus mejores años profesionales, después de una larga brega en la medicina institucional y privada, sembró, pero no se le concedió cosechar el bienestar económico. Se fue con el valioso premio de ser reconocido en su capacidad por la comunidad médica y lo más valioso para nosotros: el cariño y el amor de sus pacientes que tanto ayudó.

Para concluir, quiero decirles que los médicos hasta el final estamos obligados a responder por la salud de los pacientes, aún en condiciones adversas de trabajo, recordando el decir de un médico del Hospital General de México “aquí se hace la medicina de la pobreza con los recursos de la miseria” y con todo y ello jamás hemos dado la espalda al gran compromiso y la deuda social con el pueblo de México: nuestra formación profesional.

Ojalá que las autoridades responsables de la seguridad del Estado de México estén en consonancia y sepan estar a la altura del problema y se investigue este irracional crimen que tanto nos ha dolido y ofendido como comunidad y que no quede en el olvido de la impunidad. No hay justificación para ello.

A los autores de este cobarde crimen les cito, fingen por miedo no identificar a los causantes de su desgracia y recalan contra el pueblo que también es víctima.

Si, necesitamos de una especial y efectiva forma de violencia que reclame a los autores del desastre nacional la pérdida de integridad social del país, de sus materias primas saqueadas impunemente, la mutilación de la Constitución que acaba con el derecho a la Salud, el Trabajo, la Educación; con las instituciones que eran fuente del capital del estado para el bienestar de todos, que finalmente establecen una mayor pobreza y una violencia que no tendrá distingos, porque también ha lesionado profundamente los valores morales y la integridad familiar.

El Hospital General perdió un médico de excelencia, la comunidad un líder de la salud, México a un gran patriota; en el que invirtió mucho.

Para la sociedad en su conjunto es el gran fracaso porque la violencia nos vuelve a vencer ignorando sus efectos. La educación es su más efectivo antídoto.

Dr Arturo Hernández Cuéllar ¡Gracias! por ser como fuiste, por compartir tantas y fructíferas experiencias. buen viaje, sabemos que a donde quiera que estés , estarás bien; porque fuiste un ser de luz que a muchos les diste la alegría de la salud y a los colegas tu sabiduría médica sin límite. DESCANSA EN PAZ.

Con el cariño y afecto de costumbre , tu amigo de siempre.

Dr Genaro Rico Martinez

Exresidente del H.G.M. de la unidad de Oncología

Author

Leave a comment

You must be logged in to post a comment.

Back to Top