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No secuestran a un pobre

Por: Lorena Osornio E.

  • No secuestran al pobre, secuestran al que tiene, ¿cómo evitamos el secuestro? Con una sociedad pobre. AMLO

Nada más alejado de la realidad, un secuestrador es tan infame, indiferente y codicioso que no se va a poner a pedir estados financieros para ver si costea el trabajo que requiere el operativo que lleva al secuestro.

Lo que el personaje que lleva la administración del país con cada vez peores resultados no está pensando y no digamos analizando es que los secuestradores no tienen piedad de nadie, desde los que están en la calle que utilizan depósitos en cuentas fantasma o creadas sólo para ese propósito, hasta los que están encarcelados y se dan sus mañas gracias a la “corrupción” al interior de los penales para hacer de las suyas y conservar sus bandas de delincuentes que sacan hasta el último centavo que puedan conseguir a los que telefónicamente sorprenden y no tienen comunicación momentánea con sus familiares.

Ricos o pobres echan mano de préstamos, venta de propiedades y lo que tengan a la mano para solucionar y rápido una situación que apremia por el cariño a los que en ese momento estén en dificultad y hasta en peligro por las amenazas de perder la vida.

El Presidente está dejando de lado que lo económico no es problema de ellos – los secuestradores- si no de los que padecen la desaparición momentánea o permanente de un familiar, el secuestro simple, extorsivo, profesional, improvisado, express, auto-secuestro y virtual, son lo de hoy desde hace mucho tiempo y desde luego el ser una sociedad pobre tampoco es una solución y no es de ningún modo un paliativo para la delincuencia.

Que forma tan poco creativa de decir que no tiene ni idea de como manejar la seguridad de un país que esta reclamando a diario justicia y legalidad, gritando las carencias y desigualdad existentes y exigiendo que con la honestidad que tanto pregona esta administración existan políticas de seguridad, salud, economía, cuidado del medio ambiente y transparencia, discriminación, equidad de género, trabajo, conservación del patrimonio histórico y cultural, ciencia e investigación, y no sólo cumplir sus objetivos que más bien son intereses personales y proyectos de infraestructura que a nadie ya le emocionan y por supuesto no beneficiaran a nadie.

Lo más triste no es la pobreza económica que puede paliarse con trabajo y emprendedurismo, porque el Mexicano siempre está en busca de empleo en todos los ámbitos de la sociedad, desde los campesinos que cada vez son menos hasta el empresario, si no la pobreza mental con que nos tildan de pobres a quienes discrepamos de sus opiniones o berriches.

Ojo pobre no es ser tarugo, manejable o pusilánime, la dignidad de quienes menos tienen y trabajan para tener es loable, pobres los que piensan que los pobres no merecen más y que deben quedarse en esa situación para no generar un conflicto que no saben resolver. Pobrecito de usted Señor Presidente que con todo y el titulo que esperaba hace tanto y el abuso de los recursos no es más que un pobre hombre.

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