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LA FUERZA DE LA CULTURA

POR:  DR GENARO RICO MTZ. JEFE DEL SERVICIO DE TUMORES ÓSEOS DE I.N.R.

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En un viaje relámpago conocí las entrañas de un pequeño pero significativo rincón de nuestra patria, el motivo: la celebración del matrimonio de un sobrino.

La localidad donde se celebraría la tradicional boda es NANCHITAL, una población petrolera localizada en el sureste de Veracruz, municipio que se constituyó con migrantes procedentes en su mayoría del istmo de TEHUANTEPEC que arribaron en busca de una mejor calidad de vida, así como de otros estados en menor número, derivado de la intensa actividad petrolera de la época de los años 60tas.

Al arribar al evento, el  salón casino del pueblo propiedad de la sección  núm. 11 del  sindicato petrolero, llegaron los padres de los contrayentes ataviados con los vestidos típicos de gala, de impresionantes y vistosos colores, irradiaban orgullo y coraje para darles vida con un advertido deseo   de mantener vivas sus hermosas tradiciones.

Así continuó el desfile de amistades y familiares de ambas parejas, quienes complementaban el escenario también luciendo con altivez, gallardía, alegría y orgullo su regionalismo de una manera tan natural que hicieron que mi piel se anudara de la emoción de presenciar las auténticas entrañas  del corazón de MÉXICO, resultado de la perseverante  e indeclinable lucha por mantener vivas sus hermosas tradiciones transmitidas a sus hijos desde la infancia.

Dos bandas amenizaban el evento interpretando piezas musicales propias y alusivas al evento, rompieron pista las mujeres que animadas bailaban extendiendo sus faldas estampadas multicolor como si quisieran eternizar el momento, posteriormente se agregaron en pareja los varones luciendo sombrero, paliacate rojo al cuello y guayabera  de distintos  colores.

Entre aplausos y vivas arribaron los novios, ella ataviada con un impresionante vestido blanco bordado en color oro y su cabeza coronada por un impecable blanco de su  vida niero semejante al de la virgen de la soledad, el novio pantalón negro y guayabera blanca con  sombrero tehuano de terciopelo rojo .

El juez realizó la ceremonia de casamiento por el civil en un espacio adornado con flores multicolor y posteriormente familiares cercanos hicieron uso de la palabra la madre y hermana del novio, para felicitar, hacer el brindis  y  dar consejos a los contrayentes.

Formados  en parejas bailaron con los novios hasta que se interrumpió la ceremonia para anunciar el tradicional baile de los cantaritos que simboliza la entrega virginal de la mujer.

Previamente, se habían repartido cántaros entre los asistentes, bailaron las mujeres con el utensilio sostenido con la mano derecha sobre la cabeza, haciéndolo en círculo del cual se iban desprendiendo para romper frente a los novios el cantarito y depositar dinero o limosna  de diferente denominación bendiciéndolos con él antes de depositarlo en otros recipientes que sostenían con sus manos y  sobre sus piernas los contrayentes, como una ayuda simbólica solidaria para iniciar su nueva vida, al terminar de pasar iniciaron los hombres el mismo rito hasta que concluyeron.

Seguido se sirvió el abundante  banquete;  barbacoa,  carne de cerdo, ceviche de camarones, mezcal, cerveza, y los tradicionales toritos .

Los padrinos de velación vigilaron con fidelidad  y finalmente contaron el dinero que recibieron citando públicamente las cantidades recibidas individualmente, que en esta ocasión por mínima diferencia ganó el varón.

Una gran satisfacción adicional es ver que las fuerzas vivas de esta población apoyan y participan irrestrictamente esta tradición.

Bravo , viva este rincón de México, vivan sus habitantes por preocuparse con verdadero orgullo de mantener vivas sus tradiciones por transmitirlas generacionalmente con responsable alegría, pasión y entrega, hay que decirlo: necesitamos muchos pueblos como Nanchital, que son sangre fresca para revivir un país que agoniza en sus tradiciones y su cultura, el corazón cultural de México está herido de muerte; es urgente reanimarlo, revivirlo, y mostrarlo  como un símbolo de integración .

Forman una comunidad excepcional por el alcance de sus propósitos, que los convierte en el más firme instrumento de defensa y lucha contra la silente invasión transcultural que intenta borrar las huellas más profundas de la mexicanidad.

¡Por México por favor no claudiquen!, ustedes son la salvación y los embajadores de la  defensa cultural regional  de México. Se requiere que éste ejercito crezca para darle fuerza a la identidad y consolidar la mexicanidad en todo el país, para sentirnos fieles herederos de nuestro pasado, aspirando a un futuro de certeza, abrazando con firmeza nuestra magna cultura .

Me pregunto: ¿cuántas costumbres culturales a lo largo del territorio nacional han desaparecido a raíz de la transculturación que en distintas regiones nos han avasallado comenzando con la gastronomía y la música en inglés? con la que tanto se identifican muchos jóvenes que ni la entienden y se retuercen como poseídos, que opaca y desplaza  la tradicional  música mexicana, la vestimenta, y tantas manifestaciones y costumbres, que incluso a muchos les causa vergüenza y se complementa con una marcada discriminación de los pueblos originarios de México, que son dueños auténticos de este verdadero e incomprendido tesoro; su cultura y sus costumbres.

Actualmente vemos muchos rincones de nuestro país llenos de ciudadanos que lucen como autómatas con un celular en la mano, abstraídos en su propósito, mandando y recibiendo  mensajes, o reunidos en grupos  no para platicar, sino para enviar mensajes, ¡que irónico! en plena era de la comunicación es cuando menos hablamos.

Lo que nos causa vergüenza a momentos se convierte en nuestro contradictorio orgullo, cuando necesitamos  externar valores de nuestra mexicanidad en el extranjero acudimos a ellos, que ironía .

Es más que importante acudir al rescate de nuestra cultura para que no se mueran en el olvido, que fomentemos y hablemos en todos los niveles de la riqueza de la que somos dueños y que estamos  perdiendo progresivamente por una idea mal comprendida, pero marcadamente calculados sus efectos a corto plazo.

La denominada globalización no es más que un tentáculo del capitalismo que nos convierte en su protectorado económico asegurándose un mercado de consumo en toda la América latina, para este propósito es básico acabar con nuestra cultura, con las normas y principios en que se desenvuelve nuestra sociedad, acabar con toda norma ética-moral y de valores tradicionales, a esto lo conceptualizan mañosamente como “modernización” para facilitar sus aviesos propósitos.

Es prioritario para preservar la mexicanidad que esta tenga un grandioso día de celebración, que exista un incuestionable apoyo a las culturas regionales de todo el país para facilitar su vigencia, que cada estado las engrandezca y las difunda entre la niñez en las escuelas de educación básica desde la primaria  hasta la preparatoria y coronarla en las  universidades; formar verdaderos profesionales y especialistas de las culturas regionales para asegurar y perpetuar su herencia generacional, construyendo con esto una muralla cultural infranqueable a la globalización .

Es urgente quitarnos la venda de los ojos y a todo lo largo y ancho de la república fomentar políticas que se opongan a esa transculturación, cuyo objetivo es desintegrarnos como nación que conlleva a perder la identidad nacional, el amor por los valores de identidad colectiva, desvincularnos de todo lo que nos anima como ciudadanos mexicanos a vivir con costumbres y respirar  una misma cultura.

Escribo para no pasar la penosa necesidad de quedarme callado, observando el derrumbe de nuestra identidad, ojalá y algunos se motiven a levantar los brazos para evitar que  su caída nos aplaste y nos destruya .

El mundo es conducido hacia una nueva forma de civilización por el gran capital y las supero-potencias, para ello requieren el sacrificio cultural de todos los pueblos que serán sometidos a una nueva forma de organización de la vida, de nosotros dependerá y de nadie más; si seremos los nuevos esclavos del siglo XXl, la única arma con que contamos para evitarlo es preservando íntegramente LA FUERZA DE LA CULTURA.

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