* Inconformidad impacta en Comité Ejecutivo y en Congreso de la Ciudad de México
Muy temprano llegó el arrepentimiento para los gobernadores y exgobernadores que impulsaron a Alejandro Moreno para llegar a la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional, pues el objetivo de su dirigencia debía obedecer a los intereses priístas para conservar las ya de por sí disminuidas prerrogativas, ello según los puentes que Moreno Cárdenas logrará tender entre el incipiente priismo y la poderosa 4T.
Contrario a ello parece que a diferencia de puentes horizontales, se estableció una relación de sumisión vertical, de arriba hacia abajo, ante los intereses de Andrés Manuel López Obrador.
Los tricolores pensaron que con «Alito» se procuraría incrementar su débil estructura partidista y que se respetarían los acuerdos de las dirigencias partidistas; pero al momento no ven claro.
Y esque las sospechas no son infundadas, pues desde campaña se reveló que Moreno Cárdenas era la apuesta del tabasqueño, quien a todas luces quiere evitar los contrapesos a su gestión lo que se garantizaría con Alejandro Moreno, quién incluso se hizo acreedor al mote de «Amlito» por su cercanía con López Obrador.
En junio pasado, el Ejecutivo Federal amenazó a los gobernadores priístas, que de no apoyar a Moreno, debían atenerse a las consecuencias y resistir eventuales disminuciones en el presupuestos estatales.
Pero el objetivo oculto, acusaron desde campaña militantes contrarios, es que el presidente quiere controlar el partido que una vez lo cobijó, y donde se sintió tan agusto que incluso le escribió un himno.
Quienes entienden de política aseguran que Andrés Manuel desea tener de aliado al PRI bajo la batuta morenocardenista, a la hora de plantear reformas constitucionales, pues el PAN no deja de ser la oposición más seria a la 4T. Un PRI dirigido desde Palacio Nacional.
Priístas inconformes consideran también que Morena no es otra cosa que la reedición del hegemónico PRI.
Nos cuentan que AMLO añora tanto al PRI de los setentas que hasta repite algunas de sus prácticas de gobierno. Por eso comparte el poder con personajes como Porfirio Muñoz Ledo y Manuel Bartlett, quien pese a ser señalado de corrupción ha sido casi bendecido por López Obrador.
Fuentes internas al tricolor nos cuentan que la inconformidad no se quedó en el ámbito de los gobernadores y trascendió al Comité Ejecutivo del Revolucionario Institucional en la capital, pues incluso el ex diputado, Sergio Jiménez Barrios, en repetidas ocasiones ha denunciado las mismas irregularidades, lo que debilita las fibras más firmes del tricolor chilango.
La onda expansiva impactó incluso las filas priístas en el Congreso de la Ciudad de México, pues la voz más activa de la bancada, Guillermo Lerdo de Tejada, renunció a su militancia.

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