Por: Mtra. Martha Mandujano
La adolescencia es el periodo de desarrollo comprendido entre los 12 y 19 años, pero en la actualidad se sabe que el embarazo se puede dar en niñas menores de esa edad porque la posibilidad de quedar embarazada se da desde la primera menstruación y la edad en la que se presenta ha venido disminuyendo, por las mismas razones se le ha llamado también embarazo precoz; su frecuencia ha venido en aumento, se calcula que alrededor del 16% de todos los nacimientos en un año son en adolescentes. Generalmente es un embarazo no deseado, no planificado, aunque puede operar un mecanismo inconsciente al no sentirse amada o aceptada por los demás la adolescente busca al tener un bebe la posibilidad de tener algo propio porque luchar, inician muy tempranamente la vida sexual para llenar un vacío afectivo con la expectativa de establecer por este medio fuertes lazos amorosos.
La adolescente puede quedar embarazada incluso en la primera relación y/o de forma circunstancial con una pareja también adolescente, puede ser por abuso de un varón mayor, por el inicio de actividad sexual por presión de grupos de amigos, puede estar asociado con el consumo de alcohol y drogas. La constante en todos estos escenarios es la no utilización de métodos anticonceptivos o la utilización de métodos que suelen fallar como el ritmo, el retiro y otros.
El hecho de que se dé la primera menstruación de manera muy temprana y en ese momento una adolescente ya pueda quedar embarazada de ninguna manera implica que su aparato reproductor este maduro y haya posibilidades de que
“por su juventud” sea un embarazo exitoso, al contrario se considera de alto riesgo, tanto para la madre como el hijo, puede incluso llegar a la muerte, padecer eclampsia y pre eclampsia, prematurez, anemia de la madre, bajo peso al nacer, defectos congénitos etc. se sabe que alrededor del 6% de los hijos primogénitos de madres adolescentes fallecen en el primer año de vida.
El impacto que tiene un embarazo precoz para la adolescente trasciende a la esfera psicológica y social, sobre todo los grupos más desfavorecidos social y económicamente, las carencias en la alimentación y atención durante el embarazo y para el bebe; la falta de oportunidades y la nueva responsabilidad de la crianza del hijo presenta un complejo panorama futuro. En muchas ocasiones hay rechazo de la familia tanto en la familia materna como la del novio o padre, en ocasiones este rechazo se traduce en maltrato físico o emocional, pueden ser presionadas a casarse, matrimonios que generalmente no funcionan, abandonan la escuela, cuando por alguna razón deciden abortar, lo hacen en lugares inseguros donde corren muchos riesgos porque en ocasiones en un primer momento ocultan el embarazo. Una vez que se identifica el embarazo en una adolescente y la decisión es continuar con él, debe de iniciarse de inmediato el control prenatal, en ocasiones se inicia de forma muy tardía porque se oculta, incluso hay adolescentes embarazadas que no tuvieron control prenatal y se enfrentan no solo a riesgos sino a complicaciones severas que pueden ser fatales.
Están en alto riesgo de embarazarse las adolecentes que vienen de una familia desestructurada y/o disfuncional, con
violencia intrafamiliar, sin comunicación, orientación y atención de los padres ya con diferentes variantes, ellos mismos viven una situación anómala y la adolescente de alguna forma reproduce el esquema de una manera inconsciente como patrón familiar y cultural en última instancia. Se ha observado que adolescentes que tienen mayor autoestima y una adecuada comunicación familiar planean el inicio de la vida sexual activa lo que las hace menos propensas a quedar embarazadas.
El aumento de los embarazos en adolescentes tiene una repercusión no solo individual sino un impacto social y se ha vuelto un problema de salud pública, por lo que se han diseñado, difundido y puesto en operación programas de orientación y educación sexual en unidades de atención a la salud y en escuelas; si bien es cierto que es una medida que sensibiliza a las y los adolescentes en este campo, centra su atención en el uso de los métodos anticonceptivos y no desarrolla con una estructura más completa cursos y talleres donde se conozca el funcionamiento del aparato reproductor femenino y masculino, así como contenidos que aporten elementos para el desarrollo integral del adolescente y su responsabilidad en el auto cuidado de su salud y desarrollo, en su maduración emocional y sexual. Es por esa razón que los padres, familiares y maestros deben ser los primeros en participar en este proceso del adolescente, que “adolece” (de ahí viene el nombre) de madurez por la etapa de desarrollo que vive en ese momento, expuesto a tantos riesgos, dobles mensajes y mensajes comerciales cargados de contenidos eróticos y sexuales que de alguna forma lo inducen o “invitan” a adoptar esas conductas.



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