Aguacatizar la economía
Por: Julio Pérez de León
El incremento al aguacate en los días recientes no es un accidente de la naturaleza del libre mercado o contingencia climática. Es parte de una estrategia de salud pública y saneamiento de la economía del país.
Con beneplácito observan la medida las principales sociedades hipotecarias globales (ooops, prestamistas) como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo. Se trata de nivelar los ingresos nacionales vía divisas, que por baja del precio de los crudos mexicanos (lástima, llevaban buen ritmo) que arrasó con el peso y propició una de las peores crisis (como si hubiera muchas, desde los años 70 para acá sólo hay una cíclica crisis), el titular de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Rafael Pacchiano Alamán, entró al quite con sorprendente propuesta que, de paso, aliviana la salud pública y la economía.
Pero vayamos por partes. Por el lado de la salud pública queda de manifiesto, con aquello de que si se está encabritado no se debe comer aguacate y sus derivados (como guacamole y helado), hacer inaccesible el kilo del producto es un bienestar público.
La preocupación llegó desde que el presidente Enrique Peña Nieto reconoció que la sociedad mexicana está enojada por la situación de violencia e inseguridad en el país, y admitió que casos como el de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala, Guerrero, lastiman y encabronan a la población.
Y para julio próximo, el programa Hoy No Circula incluirá a todos los vehículos y una regulación minuciosa del transporte público. El gobierno federal centrará su atención en aplicar medidas específicas para regular el parque vehicular y supervisar a las empresas que más contaminantes emiten. En tanto, el mandamás de la CDMX (para evitar rechiflas a estas líneas omitimos el nombre) incluye que las peceras no entrarán al Centro Histérico lo cual, aunado a los momentos (nada eventuales ni esporádicos) en los que se cierran las estaciones del metro de la periferia céntrica, propiciará momentos agradables y llenos de anécdotas para el regreso a las casas.
De esa forma, al impedir que los mexicanos coman aguacate, se pone de manifiesto la gran empatía que el gobierno tiene para con sus ciudadanos. Según la Profeco, en la Central de Abasto de la CDMX el kilo de aguacate del fruto se comercializa en un promedio de 45 pesos al igual que en Jalisco, mientras que en Mérida alcanza un precio máximo a la venta de 35 pesos por kilogramo; en Monterrey, Nuevo León,
el kilo se ofrece en 42 pesos. Oséase, el gobierno federal tiene claro que el enojo y la frustración está en todos lados.
Y para no pasar del enojo al chorrillo, como dicen los abuelos que sucede cuando se come aguacate y se está enojado, pues los precios se mantendrán.
En lo que toca a la perspectiva económica, la Semarnat propuso al Banco de México despetrolizar las finanzas públicas y en su lugar aguacatizarlas. En lugar de colocar al aguacate como bonos de emisión de deuda y mercados especulativos, estimó pertinente colocarlo en las arcas del Fuerte Knox (mientras madura) para convertirlo en un circulante global de alto valor (al menos nutritivo, cosa que los mexicanos no necesitan y para lo que ni siquiera les alcanza).







Sé el primero en comentar