Alejandro Moreno, el dirigente castrado.

En días recientes se reunió un grupo de priístas de prosapia, cuya raigambre ideologíca política se muestra incorruptible en tiempos de la 4T, de esos que como dice el dicho, «de hueso colorado», vienen muy bien para el caso del partido.

Entre ellos, uno con más de dos décadas de imbatible militancia; Pedro Ugartechea, quien entre otras cosas acertó al esbozar las razones por las que Alejandro Moreno Cárdenas debe renunciar a ese partido.

Ugartechea reveló que durante la su campaña para conseguir la dirigencia del PRI, y con el único afán de allegarse más simpatía de la militancia comprometida, la real; Alito se comprometió «con huevos» pero hasta el momento de eso no se ha visto nada, las palabras quedaron en el aire, junto con los huevos.

El campechano no sólo no limpió al partido sino que lo enpuercó más, en todos los sentidos. Por un lado; priístas notables ya dejaron el barco ante el inminente regreso de la peor cochinada; el Comité Ejecutivo capitalino es la prueba inequívoca, dominado hoy en día por Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, un marrano en toda la extensión de la palabra. Además de su residual origen, De la Torre lidera la mafía que desde hace varios años controla los dineros y oficinas del partido pese a que sobre él pesan carpetas de investigación por Trata de personas; una red posiblemente operada por su pupilo Israel Betanzos, quien actualmente ostenta la presidencia local con la misma legitimidad que un muñeco de ventrílocuo.

La falta de palabra hace ver a Alito, dijo Pedro Ugartechea, como un dirigente castrado.

Por eso a la falta de palabra que dijo lo consideramos el dirigente castrado.

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