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Alito y la fábula de las dos tortas

Hace unas décadas existía la expresión, «el perro de las dos tortas», con la que se designada a aquel que en ante una disyuntiva pretendía beneficiarse de ambas opciones y al final perdía todo. Así quien pretendía dos amores y los dos les hablaba bonito a espaldas del otro, naturalmente quedaba como, el perro de las das tortas, que por querer morder ambas, se quedaba con las ganas.

Si le pasó a Alejandro Moreno, que mientras el PRI se le desvanece de las manos, prefiere changuito aplaudidor de AMLO, como queriendo evitar una posible arremetida contra él, principalmente ahora que la detención de Lozoya, exacerbó la fiebre anti priísta en la cuatro te, que además le sirve para legitimar un poco su desastroso inquilinato en Palacio Nacional.

En menos de una semana el PRI sufrió sensibles bajas, en la Ciudad de México, Tamaulipas y el Congreso.

Pero a ellos ni bonito les habló, ni feo; no les habló. Alito, mejor se fue a un encuentro que López Obrador sostuvo con líderes sindicales; ahí, Moreno Cárdenas ni a segundón llegó, su figura mínima, sin dificultad se opacó frente al garbo sindical.

¿Y como quedó?, ya lo dijo el popular adagio; sin valiosa militancia y sin agradar a AMLO, con la posible renuncia de los últimos distinguidos priístas dentro de los que de encuentra el ex legislador Sergio Jiménez Barrios, Amlito, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y el inservible Israel Betanzos, se quedarán chiflando en la loma.

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