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El pantano campechano que devora al PRI

Más de dos veces se ha escuchado entre los pasillos tricolores que Alejandro Moreno, presidente nacional del PRI, padece el síndrome del abogado pantano; que en su afán por liberar a su cliente lo hunde más.

Así el campechano, su inagotable impericia han conducido al PRI a los rescoldos más ridículos de lo que fue el súper partido.

Y en paráfrasis al propio Alito, si de algo hay que culpar al PRI es precisamente de haberlo ungido, pues a su vez el será el culpable de aniquilar al revolucionario Institucional.

Primero Alito se encargó de desplumar al partido incluso antes de llegar a la presidencia, su campaña fue atroz, comandada desde Palacio Nacional por el mismísimo Peje, cumplió el designio de echar fuera a figuras de la talla de Ivonne Ortega y José Narro.

Ya en la presidencia se ha conducido sin recelo como el perrito faldero del presidente, que de repente hace como que se enoja para llamar la atención de su amo y que lo invite a algún eventito y lo tenga sentadito en un rincón. Con eso eso es feliz.

Resulta grave también el anacronismo casi histórico con el que aborda uno de los principales temas de la agenda mundial, pero que en el país y en particular en la Ciudad de México es de relevancia, el respeto a los derechos femeninos y la violencia de género.

Ante la apabullante y justificada repulsa femenina, Moreno Cárdenas cede el poder del partido a quien fue señalado de manejar una red de prostitución. Nada más y nada menos que Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, a quien calificó como amigo.

No me ayudes compadre, dicen todos los priístas verdaderos, Alito y su simpática idiotez va a llevar a la tumba al PRI, y no por el coronavirus.

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