PRI se hundirá por su propia ceguera

Dicen que no hay peor ciego que aquel que no quiero ver. Una venda en los ojos es origen de muchos problemas, siempre hay algo que pudo haberse evitado si se hubiera advertido a tiempo; como una diabetes o un cáncer, generalmente con fines trágicos.

Eso le ocurre al PRI tras 91 años de existencia. Desde hace algunas décadas se confeccionó la catástrofe en la que ahora está sumido, pero la condición pusilánime terminó de arraigarse con la llegada de Alejandro Moreno al despacho principal de Buenavista.

El del campechano es un liderazgo fundado en la rapiña política y en la ignominia más severa que ha padecido ese partido. Desde sus entrañas se gestó su propia infección; digamos que Alito es como el parásito que infectó al organismo para destruirlo por dentro.

Quien lo advirtió a tiempo ya se fue, se curó; quienes no, se regocijan en el lixiviado, cegados con la falsa idea de que resurgirán; como ocurre en la Ciudad de México, donde Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre se apoderó de lo que queda del PRI a través de un mequetrefe, un trapo político como Israel Betanzos.

Con liderazgos como el de Cuauhtémoc y Alito; hasta un niño puede ver qué el tricolor no saldrá de la cloaca.

Tras 7 décadas de indiscutible poderío el super partido quedó fuera de la escena política del país, quizá para siempre.

Contrario a la fantasía de Alejandro Moreno, expertos opinan que no cuenta con liderazgos que le permitan resurgir y volver a tener el poder.

Su escenario es complicado; aunque sea el partido más antiguo y por momentos pudo adaptarse y afrontar retos; hoy en día eso es insuficiente, según consideró el politólogo y catedrático de la UNAM, Edgar Ortiz Arellano.

“El problema es que salió en muy malas condiciones la última vez que tuvo el poder. En 2012 resurgió y con muchas expectativas, pero también con un buen número de gobernantes jóvenes que no supieron hacer las cosas», y ante eso las consecuencias fueron implacables y definitivas.

«El gobierno de Peña se desgastó con actos de corrupción y falta de estrategias políticas para tratar asuntos como el de Ayotzinapa. Salió el PRI por la puerta de atrás”, expuso.

Para dar un paso más atrás, el PRI no termina de asumirse como oposición, quizá no sepa hacerlo. El papel de la oposición consiste en defender a la ciudadanía ante los abusos de poder, algo que el PRI no sabe hacer, no está en su genética; y como lo ha demostrado su anodina dirigencia, está disminuido, sometido y ninguneado bajo el yugo de la 4T.

El partido no tiene un liderazgo duro para regresar como fuerza política, ya que los errores del pasado le han costado el rechazo y hartazgo del electorado; expuso por su parte el politólogo de la UAM, Víctor Alarcón .

“Los antecedentes de priistas ligados con el crimen y actos de corrupción nos deja un repertorio de cuadros políticos con liderazgos sin capital político, sin nivel de discurso que les permita generar un contraste con la Presidencia», sostuvo.

Con Alejandro Moreno se echó por tierra toda la experiencia histórica, él no tiene el background, el roce político que implicaba tener presencia nacional. Eso queda claro cada vez que se arrodilla ante los designios de Andrés Manuel.

Eso, entre la corrupción que nunca pudo sacudirse; ocasionaron la natural desbandada. Cuando el barco está en picada, lo natural es que todos salven sus vidas.

“Ya no existen los votantes fieles en el PRI y esto puede ser un condicionante para las elecciones de 2021, porque bajo este esquema de voto a cambio de quién me puede ofrecer o quién puede poner a mi alcance los programas sociales, probablemente baje el número de diputados federales, presidencias municipales y regidurías; esta elección será determinante”.

Y los pocos líderes que convocan multitudes son desdeñados por la dirigencia, pues en su infinita ignorancia temen perder sus puestos de poder, aunque poder en realidad no tienen.

Los casos de Ivonne Ortega y Ulises R

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