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Por qué el 9 el marzo

Por: Lorena Osornio E.

Cada vez que pienso en Fátima o Ingrid, involuntariamente vienen acompañadas de todas las mujeres que han sucumbido ante la voracidad masculina. Nos dos, ni miles, somos millones las mujeres que han sufrido al menos una vez algún tipo de violencia.

Desde que la especie humana se conduce como tal, una especie; el género femenino se ha relegado detrás y debajo del masculino.

Si, efectivente no es un problema que llegó con esta administración, pero si le corresponde atenderlo; tampoco el T-MEC llegó con este gobierno, y ese bien que lo celebran.

Por qué un 9 de marzo. Porque, parecerá ya lugar común, pero ya no encontramos la manera de hacer sentir nuestra rabia por las que ya no están.

Todavía no hayamos la forma de hacerles entender nuestro miedo de quizá ser la próxima, o de saber que alguna de nuestras amigas o familiares no aparece. Ya todas conocemos un caso, todas tenemos algo que decir y nos estén callando cobarde e impunemente.

Y frente a esa realidad, quien debe protegernos es incapaz siquiera de reconocer el problema; en su ceguera el gobierno, federal y capitalino, advierten ánimos conservadores en la inconformidad femenina. Por eso un 9 de marzo

Porque ya estamos cansadas de que se eche la culpa a los anteriores, no hace falta que cada mañana nos lo recuerden, ya lo sabíamos.

Ya estamos cansadas que sean las propias autoridades quienes filtren imágenes e información sensibles para una investigación.

Ya nos repudia escuchar que la Fiscalía no aportó pruebas suficientes para vincular al procesado.

Ya estamos cansadas de que nos insulten con los otros datos y con solo ponerse del lado de las víctimas, pero por preocuparse y ocuparse de protegernos.

De que sirvió para las capitalinas, la primera gobernante electa en un proceso democrático.

Por qué desaparecer todas un día. Porque a eso vamos, a desaparecer en género si seguimos creyendo que se trata de un desesperado intento por desestabilizar la 4T, eso lo hacen solos, Morena desde sus endebles entrañas, por ejemplo. Se trata de hacer conciencia de lo que significamos para la vida.

Por eso, desde mi papel como madre, como hermana, como hija, como nieta, como abuela, como prima, como sobrina, tía, amiga, colega, trabajadora, ama de casa, homosexual, estudiante, deportista, artista, comerciante, maestra; como niña de siete años que camina de la mano de su verdugo sin conocer su funesto destino. Como todas las mujeres, que somos una sola.

Desde todas nuestras trincheras, gritamos y gritaremos, violentaremos con el argumento de la razón y la justicia, lo que ya se estableció como natural, la violencia real y asesina de quienes nos desprecian y sin miramientos nos aniquilan.

No somos consevadoras, no somos adversarias, no somos prianistas; las que quedamos, somos sólo mujeres que lo único que queremos conservar, es la vida, y si no es mucho pedir, la tranquilidad.

Porque el eco de este nueve de marzo suene y resuene por siempre y por todas.

Por este y por muchos nueves de marzo que debemos pasar juntas, fuertes, libres y felices

 

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